28.11.16

¿Existe la buena y mala literatura? - Tercera parte

Tú dices, al principio de la respuesta, esto: "Eso sigue estando en el ámbito de los criterios subjetivos.", pero    ,¿qué es el arte? Es una creación humana por medio de la cual expresamos una concepción del mundo sensible, de la manera en que interpretamos este o, por otro lado, expresamos un estado de ánimo así como el sentimiento hacia otra persona. La verdad hay una multiplicidad de razones por las que hacemos arte. Pero para definir este, para poder decir una generalización, hay que ver como este se desarrolla materialmente a lo largo de la historia.

¿A qué llamamos arte? ¿A qué se llamó arte? Siempre, a lo largo de la historia y a través de cualquier período histórico, hemos considerado a manifestación externas de una actividad que contiene dicha carga de valor. ¿Qué quiero decir? La sociedad no valora como arte ninguna pintura, canción o libro que no se da a conocer, que no sale expuesto a la luz para ser leído, observado y oído. Más que nada, porque si no hace esto, nadie sabe de su existencia. Y a día de hoy, así como a lo largo de toda la historia, el artista que se queda para sí sus obras es (dicho sin querer ser despectivo) el artista fracasado. Por no decir que, seguramente hasta que no se haya muerto, no se le trate de artista.

Hasta el arte en la prehistoria (que lo tildamos nosotros así, porque dudo que ellos lo hiciesen) tenía una carga mística por lo menos para el conjunto de individuos que formaban el grupo. Al final, el arte se traduce en una expresión artística que se ha expuesto a la sociedad y a la que esta le ha asignado un valor según los criterios que rijan esta.

¿Es subjetivo? Yo considero que hay que analizar desde la raíz y la evolución histórica para tener una idea más o menos coherente, justa, y no una paja mental que justifico por mi propia voluntad y no porque haya realidad material que la respalde.

Respecto al punto tercero, claro que hay una carga genética y sabemos de forma bastante precisa que esta determina mucho o toda la fisonomía del individuo. Esto también puede ser determinante, en el sentido en que la constitución física tiene relevancia en según qué actividades vas a desarrollar tu vida –y aun con ello, tiene cierta carga social–. Y ya no tanto, en relación a la etapa primitiva regida por la división natural del trabajo entre los dos sexos basada en sus diferencias biológicas. Aparecida la propiedad, la división social del trabajo y la lucha de clases; el aspecto biológico ha ido en deterioro.

¿Es posible que la genética condicione las ideas del individuo? Yo lo desconozco, pero lo dudo. El carácter de una persona se construye con el tiempo según sus experiencias, no me parece algo innato, por lo menos no hay evidencia alguna de que sea así. Aunque lo dicho por mí anteriormente suena a Matrix, a una programación informática, está más que demostrado. En las diferentes etapas de socialización de la persona, esta no es alguien pasivo pues en la segunda y tercera fase es capaz de tomar sus decisiones; pero, también cabe decir que en la primera fase (infancia) no pone las reglas del juego.

Podrá tener más o menos relevancia en el aspecto intelectual, tampoco lo voy a negar, pero en una sociedad como la de ahora, lo que prima es el aspecto social, pues tus habilidades se desarrollan en un entorno que no depende de tu voluntad. Y eso al final de todo, se resume en que, pese a las diferencias iniciales de genética, lo que en mayor medida determina tu evolución es la vida práctica que vives siguiendo una serie de roles dentro de grupos sociales.

Después de todo, que la estructura social determina al individuo es una afirmación general, una abstracción. El punto importante está en que dicha determinación por parte de la estructura, se desarrolla de forma concreta sobre un individuo o colectivo y que varía según múltiples variables.
¿Existe la subjetividad? ¿el libre albedrío? Hasta cierto punto, en la medida y forma que permita el desarrollo material de tu vida.

24.11.16

Poema abecedario

Ahora,
Botella
Caída
De
El
Furgón
Grande
Hállose
Irritada
Jodida.
Kilómetros
Lugares
Momentos
Navegados
(Ñoñería)
Ocasiones
Recorridas.
Soledad
Tolerará
Usurpando
Vertederos
WCs
X
Y
Zurullos.

Ahora, la botella caída del furgón grande hállose irritada y jodida.
Kilómetros, lugares y momentos navegados.
(Con ñoñería)
Ocasiones recorridas.

Soledad tolerará (la botella), usurpando  vertederos y WCs X(varios) y zurullos.

21.11.16

Diario de Golondrina - Amélie Nothomb

Ficha técnica:

Título original: Journal d'Hirondelle.
Editorial: Anagrama
Publicación: 2008.
Nº páginas: 105 págs.



Opinión:


En Diario de Golondrina, la pluma de Amélie Nothomb se encarna por vez primera en una voz masculina, en un Yo frío y distante, no exento de ironía que caracteriza la obra de la escritora belga, que nos reta a desvelar el secreto que esconden las páginas del diario del asesino.

Hoy os traigo la reseña de un libro que se desmarca bastante de la línea que lleva el blog, pero no podría estar más contento de ello. Desde luego que comprar este libro, que me interesó de a primera vista –como el amor–, ha resultado ser una gran inversión. Llevo solamente tres líneas y ya he alabado más a este libro que a cualquier otro que os haya presentado. Al tajo:

Podríamos tachar la obra de psicológica, una constante y exhausta introspección que hace el protagonista de sus propias acciones y de su manera tan particular de percibir la realidad que le envuelve. Un día, debido a un desamor –o más bien a una pequeña crisis de identidad–, este hombre empieza a notar su insensibilidad frente a cualquier expresión de emoción  o  cosa que las evoque mediante los sentidos (olor, tacto, oído…). Le cuesta pero encuentra refugio en alguna que otra canción de Radiohead. Música experimental.

Por cosas de la vida, termina trabajando como asesino a sueldo para unos mafiosos rusos bajo el pseudónimo de Urbano. Es aquí donde empieza, por así decirlo, la parte central de la obra: una exposición detallada de lo vivo que se llega  a sentir cuando comete esas atrocidades.  Trata el asesinato como si fuese un arte con una técnica para volverlo bello, romantizarlo. Hasta parece llegar a cierto estado de estabilidad emocional una vez el trabajo se vuelve rutinario y lo mantiene, dentro de unos límites relativos, cuerdo.

Pero en un encargo observa una escena que lo sorprendió. Debía matar a un ministro y a su familia con el fin de robar unos documentos. Pero a su llegada lo que ocurrió salía de los esquemas de la normalidad. Firme, Urbano, hizo su trabajo no sin llevarse a casa un pedazo de conciencia que carcomía su frialdad habitual.

Entre los documentos del ministro había un diario, al parecer de la hija de este. Lo leyó con curiosidad, terminando por tener una pequeña obsesión con esa chica a la que apodó Golondrina por una cosa que no está ni relacionada con ella. Esto le desestabiliza, le hace pasar de un estado de indiferencia a uno de extrema sensibilidad. Y empieza a dudar de todo.

La verdad es que es esta parte, que coincide con las veinte páginas finales, la que más me ha gustado. Me ha parecido brutal el manejo de las formas estéticas que tiene Amélie Nothomb para expresar cualesquiera que sean las sensaciones que sufre el personaje.

Es un libro cuya técnica es equilibrada. Carece de descripciones más allá de la psicología de Urbano; la vida de este así por los lugares por los que se mueven están rodeados de una neblina que no nos permite ver más allá de la mente del personaje. Esto, que igual a alguien no le puede gustar, persigue el objetivo –o quiero pensar que lo hace– de hacer destacar por encima de todo los monólogos del protagonista. Hacer que calen, y que calen profundo en la mente del lector. Para ello, considero lógico hacer cojear la descripción o no enfocar la historia a un protagonista colectivo.

No llega a ser una novela policíaca pues, aunque se fije en el papel del asesino serial, no muestra –ni tiene la intención– un seguimiento policial, ni trabaja los problemas que le puede acarrear que se esté investigando una posible correlación de sus asesinatos. En cambio, al matar al ministro, la autora mete de forma muy sutil y breve una escena en la que el asesino ve los noticiarios y como le dedican tres minutos en un noticiario. Esta obra, pues, trabaja también muy bien la identidad del ser humano. ¿Quién soy?, ¿qué soy?, ¿qué aspiro a ser?, ¿qué significa estar vivo? Vemos como un supuesto político es alguien conocido, con relativo éxito en su vida profesional, pero no se escapa de tener problemas personales y mucho menos de convertirse en un recuerdo que se va diluyendo poco a poco y olvidando por todos.

En conclusión, es una lectura bestial que recomiendo a cualquiera. Es breve, ligera pero sin llegar a tener un nivel simplón. Es una lectura, además, íntima, que se hace personal y engancha con una extrema facilidad. Amélie Nothomb, te amo.

18.11.16

Personaje

Paso a través de la neblina. No veo absolutamente nada. Una especie de manto blanco no le deja ver a mis grises ojos, una especie de manto húmedo mantiene mojados cada uno de los rincones de mi cuerpo. O esa la impresión que me está dando el estar en esta situación tanto tiempo, sin cambios.

Doy palos de ciego tratando de buscarte. A ti, que no sé quién eres. Que no sé qué eres. Ni tan siquiera tengo constancia de tu existencia, la única referencia a tu persona es un fantasma espectral que me aparece en sueños y me susurra. Me pide suplicante que le encuentre y le libre, por un rato al menos, de la condena que vive en el mundo de los pecados. Pero habrán pasado horas desde que estoy divagando por esta estepa. Supe llegar. Pero no sé a dónde voy.

Lo sé. Conozco este lugar y tengo el presentimiento que estás aquí conmigo. Aquí, en estas mismas líneas, en el mismo paisaje que te he descrito. Por ello no me rindo, por ello no abandono el arduo deber de contactar contigo, de tener unos minutos para hablar y me digas que tal estuve... Qué tan bien cumplo con el papel de ficción que un creador me ha impuesto.

¿Estás ahí?, ¿me escuchas?


.... ¿Me lees?

13.11.16

¿Existe la buena y la mala literatura? - Segunda parte.

Esta entrada va a estar compuesta de una respuesta de Luka Henao a mi comentario sobre su vídeo (Pincha aquí para acceder a la entrada) que compone, a fin de cuentas, la primera parte de esta serie de reflexiones que tratan de componer un debate. Va a seguir este esquema, cada intervención una entrada.


Intervención de Luka Henao, cuyo blog es: Uranium

Buena respuesta. Da gusto poder entablar debates. Voy por partes:

1) Con respecto a que el arte debe entenderse o poder interpretarse. Eso sigue estando en el ámbito de los criterios subjetivos. ¿De acuerdo a qué obligación el arte debe ser entendible? No es más que tu criterio o tu gusto o deseo de que sea así.

2) En cuanto a la idea de que la literatura es anta todo comunicación. Estoy de acuerdo, como digo en el vídeo, de que en función de la utilidad o ámbito en que se desempeñe un texto, deberá ajustarse a las normas gramaticales para que pueda transmitirse correctamente. Es el caso, como bien dices, de los ensayos, de los textos histórico y demás. En ese tipo de textos, la función principal es transmitir información. Pero la literatura no tiene ninguna función definida, sino que es la manifestación creativa y libre de una persona. No se ajusta a nada, no tiene
reglas, es un arte. Aunque use el lenguaje, como es el caso de otros textos, forma parte de otra área, y aunque pueda parecernos que un libro debe ser comprensible ante todo, eso sigue siendo un mero criterio elegido por el gusto personal.

3) Con respecto a la determinación social en los individuos. Aunque sí considero que hay influencia social en las personas, también es cierto que hay una carga genética y una serie de sucesos biográficos que nos hacen diferentes a unos de otros. Si fuera como dices, las personas serían absolutamente idénticas en sus gustos y comportamientos, y aunque están cerca de serlo por el miedo a ser ellos mismos, si se liberasen habría mucha más variedad entre las personas. De todos modos, el hecho de que los gustos puedan estar influenciados por la sociedad no quita que sigan siendo subjetivos, dado que se dan en el individuo y al fin y al cabo la sociedad es una suma de individuos y no una entidad extra-individual. Es decir, no entiendo en qué sentido se podría decir que un gusto es objetivo.

4) Soy un relativista acérrimo. Lo que no he visto aún son verdaderos argumentos a favor de un objetivismo en el arte a la hora de valorarlo.

9.11.16

¿Existe la buena y la mala literatura? - Primera parte.

Esta especie de reflexión es un comentario que le dejé a un compañero en su vídeo de youtube. Este chico se llama Luka Henao. Su blog es https://uranium4.wordpress.com/ y el vídeo en el que he basado mi respuesta es: 



Opinamos diferente. Pese a que el lenguaje así como este se estructura de forma escrita es una construcción social y que evoluciona en la medida que esta lo hace en varios niveles (cultural, político, económico...), sí que hay una serie de criterios objetivos –y por tanto independientes de la voluntad o del pensamiento individual– que hacen que una obra sea o no sea de calidad para esa sociedad.

Una estructura coherente que tenga sentido. Hay obras no convencionales, que experimentan con las formas y la estructura que debe tener una novela. Las hay, y no por ello son mala literatura. Pese a estar estandarizado un modelo, no es el único, y desde luego no por ello estas obras atípicas son infravaloradas. Las innovaciones literarias son en esencia esto: una  ruptura con el esquema dominante, creación de nuevos modelos literarios que se sobreponen al antiguo por diversas causas –normalmente derivan a su vez de un cambio social o cultural, pero no es el tema–. El castellano tiene el ejemplo por excelencia.

Pero aun así, debe tener sentido, la cualidad de darse a entender. El arte no es un ente abstracto y puro desligado de la sociedad y los parámetros por las que ella se mueve. No sólo bebe de ella para tomar forma sino que cuando se expresa, lo hace a esta. Si no tiene sentido, si no permite una interpretación o varias interpretaciones, si el autor no se hace entender, en cierta medida, yo hasta dudaría de llamarlo arte.

Si la acción en una novela transcurre sin poder saber dónde estás en cada momento y por qué camino te estás moviendo, como pasa en Besos entre líneas –los personajes en una página están en un lugar y por arte de magia llegan a otro–, ¿es malo o bueno? Relativo, dirás, depende de los gustos. Pero, sencillamente, no se puede concebir que sea buena una señal de tan gran carencia de técnica narrativa. Y no hay nada convincente para pensar lo contrario.

Las reglas ortográficas obedecen a una necesidad de estandarizar un método de comunicación, y varía según el tiempo. Una obra, a nivel gramatical, es buena o mala para la época si sigue las normas. Se pueden crear conceptos nuevos, nuevas palabras para designar alguna idea –la generación del 98 lo hizo múltiples veces, y no se valora negativamente por ello–. Romper con el lenguaje es interesante, cuando tiene finalidad artística, pero errores ortográficos como: ola k tal, io mui vien. Mires por dónde lo mires, está mal para esa sociedad en un tiempo y espacio determinado.

Con el tiempo el lenguaje cambia, no hablamos el mismo español que Cervantes, desde luego, y porque él en sus obras no respete las normas actuales o no siga las formas que rigen la literatura actual –porque, obviamente, pedirle eso sería un absurdo– no valoramos en esta sociedad que sea un mal autor literario.

Hay otro punto importante, el vocabulario, el uso de este es muy importante porque existe una necesidad de encasillar la literatura en géneros, edades, y un largo etcétera... Nos gustará más, o nos gustará menos, pero tal y como funciona la sociedad, es necesario que sea adecuado. Un ensayo que pretende divulgar conocimiento, difícilmente logrará éxito o que se lo tomen enserio usando vocabulario de párvulos. Al igual que literatura para niños no puede llevar una sobrecarga de tecnicismos porque la educación que han recibido en esa temprana etapa es insuficiente.

Hay otros aspectos, menos influenciados por una normalización, como podría ser la historia misma de la novela y como se desenvuelve la acción. Hay muchísimos géneros y, claramente, no se le puede exigir a alguien que guste uno que aborrece por x razones. La presencia de diálogos o párrafos no es un aspecto tan normalizado como otros, y aquí sí que hay cierta libertad para tener más o menos una preferencia. O una idea a priori de qué es mejor.

El tema central, después de todo, es: ¿son los gustos subjetivos? Sí, hasta cierto punto. Nacemos en una sociedad como si fuésemos una tábula rasa sobre la que después una determinada estructura social con sus instituciones, valores,características (la familia, el sistema educativo, el Estado, hasta el sistema financiero bancos reparte libros educativos) nos inician en un proceso largo de socialización en el que asimilamos una serie de ideas determinadas de carácter social y cultural que no teníamos de forma innata al nacer y que responden a la ideología dominante de la sociedad, no a tu formación autodidacta.

Los gustos son subjetivos en la medida de que también están sujetos a un condicionamiento objetivo por parte de la estructura social, que se traduciría en el ambiente donde se desarrolla la vida del individuo. Por tanto, que te guste una u otra cosa, no depende exclusivamente de ti, sino también de la influencia ejercida por las amistades, la familia, el estado, la situación económica y un largo etcétera de cosas que no determinas en su mayor medida o de ninguna forma .


El vídeo es bastante relativista. Se le atribuye una subjetividad absoluta al arte, como si este no dependiese de la sociedad sino exclusivamente del individuo. Y encima entendiendo a este, una concepción un tanto idealista, como el que verdaderamente por su voluntad determina que le parece buena o mala literatura. No puedo estar más en desacuerdo.

5.11.16

Las ruinas de Gorlan - John Flanagan

Ficha técnica:


Título original: The ruins of Gorlan.
Autor: John Anthony Flanagan.
Editorial:  Santillana Ediciones Generales S.A
Nº de páginas: 320 págs.
Publicación: 2004.


Sinopsis:

De sus orígenes, Will sólo sabe que un día, hará quince años, fue abandonado en un canasto, acompañado de una breve nota: "Su madre murió en el parto... Su padre murió como un héroe... Por favor, cuiden de él"  Will ha crecido deseando convertirse en guerrero y honrar así el valor de su padre. Pero el destino le reserva un futuro muy distinto: una misión a la medida de un joven pequeño, curioso... y especialmente osado.


Opinión:

Deduciréis vosotros mismos, por la portada y la sinopsis, que se trata de una reseña que desentona un poco con el carácter principal –o la línea evolutiva, como lo queráis llamar– que ha llevado el blog hasta la fecha. Tranquilidad, tampoco es un punto de inflexión o una desviación de mis gustos como lector y divulgador. ¡Qué no cunda el pánico! Solamente es la reseña de un libro destacado de mi pre-adolescencia , uno de los primeros libros –en el pasado considerados tochos– que leí con ganas y me incentivó a ir a más.

Así que mantened vuestro culo pegado a la silla porque sólo se trata de una relectura nostálgica de tiempos y aventuras pasados:

“Las ruinas de Gorlan” es la primera parte de la trilogía Montaraces, escrita por el australiano John Flanagan. De hecho, ha sido ahora cuando he sabido que es un tercio de la historia completa y eso, amigos míos, es preocupante. No es que haya encontrado por casualidad de la vida sus continuaciones, sino que al terminar de leer el libro sentía que debía haber más, que no podía acabar así la historia. Y mis sospechas se cumplieron

No cerrar bien el final de cada uno de los libros que compone una serie (bilogía, trilogía…) es un error fatal, de los peores que se puede cometer como escritor. Dejar al lector a medias, o con la sensación de que la acción se corta bruscamente sin haber llegado a lo más profundo del argumento es motivo suficiente para justificar el abandono de la saga. Eso o gastarse doce euros con los dos siguientes. (Y sinceramente, me sale más económico comprar clásicos)

La trama principal –la que este señor deja a medias; y con razón, se gana más dinero con tres libros que con uno– trata de cómo un joven que deseaba con todo su corazón convertirse en un caballero del reino nimeacuerdo, pero que acaba siendo el guardabosques (con funciones de cuerpo de inteligencia) de un ducado a consecuencia de su baja envergadura y su agilidad. Todo esto en un ambiente un tanto turbio porque un señor desterrado está organizando un ejército compuesto de una serie de monstruos para conquistar todo el reino y así ejecutar su venganza contra el mismo.

Pero bueno, aun siendo el contexto general en el que se desarrolla este mundo el autor lo detalla bastante poco, manteniéndolo como un paisaje de fondo. Esta parte relata en su mayor medida el aprendizaje de Will como montaraz y como siendo este todavía un aprendiz, debe enfrentarse junto con su maestro y el señor del ducado contra dos bestias mitológicas que se creían extintas y que el malvado utiliza para asesinar misteriosamente a antiguos líderes del reino que lo vencieron en la guerra pasada –dicen muchas veces en tiempos lejanos, tiempos olvidados, pero tampoco hará demasiado tiempo porque no se explicaría entonces que siguiesen vivos–.

Y aquí acaba, tal y como lo cuento: luchan contra los seres esos, el protagonista le salva el trasero a su señor feudal y es gratamente recompensado. Y mira que dicho de esta manera parece que tenga un buen cierre y todo, pero no. Reiteran en diálogos una y otra vez lo grandiosa que fue la antigua guerra, el peligro que supone el antagonista, las tácticas que está siguiendo, los mercenarios que está contratando…; para luego terminar cuando la situación todavía está empezando a desarrollarse.

La descripción es modesta, no le falta nada, pero podría haber mejorado mucho más de haber insistido más el autor en explicar concienzudamente el mundo creado a través de las peripecias de los personajes y los diálogos. Es que, con un poco más de interés, Flanagan hubiese conseguido un mundo mucho más completo, más explicado y que aportaría al lector una gran sensación de aventura por un lugar desconocido y grande. En definitiva: un diamante en bruto sin pulir.

En conclusión, el libro me gusta. Sí, lo he puesto a caldo y casi que no he podido sacar nada positivo por lo que destacarlo. No hay nada reseñable que justificara una recomendación por mi parte. Quizá, lo único que se salva es la parte de los diálogos –y no todos, hay algunos que me dan la impresión que pese a la evolución psicológica de los personajes sigue una línea normal, estos son unos catetos–. Ya digo, estoy enamorado de este libro, supongo que por nostalgia o porque la idea de ir con un arco y flechas casi como un ninja es una fantasía personal todavía por cumplir.