27.12.16

Luna

La penumbra invade la calle
una vez se retira el sol,
abatido en el fragor del combate
que pugna diariamente
contra un tiempo, cuyo avance,
marchita la vida a contrarreloj.
Sale la luna en su relevo
y con ella, yo también salgo
Pues nos toleramos mutuamente
Y en silencio, solos, conversamos
entre la arboleda de hormigón
o a través de la oscura sombra de un árbol
proyectada sobre el iluminado asfalto
por la tenue luz, que refleja la Luna,
del débil sol que a duras penas vive
más allá del ocaso.
Paseo por el barrio sin rumbo;
paso a paso, paso a paso.
Noto el frío como un manto
o como un ser gélido en busca de calor,
De un cálido cuerpo humano
en el que refugiarse de sí mismo.
Paso a paso, paso a paso
Danzo ebrio por el vacío escenario
Rememorando breves momentos
y esporádicas imágenes…, tuyas.
Me sabe todo tan poco,
y mi propio sabor es tan pobre.
Tan patético y melancólico.
Tan apático en apariencia.
Divago una y otra vez sobre lo mismo
Sobre la misma falsa idea
Mientras unos ojos felinos observan,
con curiosidad y recelo,
la presunta filosofía de un humano
presente en este su esperpento
cíclico, que lo condena a la locura.
Esos ojos atigrados son los tuyos
Lo presiento aunque escondas tu fisonomía
entre el azabache espacio y tiempo,
Para pasar desapercibida entre el caótico sueño
de un soñador que no consigue despertar
Escapar del mundo hueco, sucio y negro
Del que continuamente se ve rodeado,
avasallado por peligros y temores;
paranoico de espejismos y falsos soles
que luego conforman callejones cerrados
sobrecargados de odio y frustraciones.
Quizá quepa la posibilidad que no seas un personaje pasivo,
sino también la salida de mi propio laberinto,
la tenue luz blanca que ilumina el camino
hacía un rincón dónde mi autoestima no desee morir sola.
Dónde no sea yo mismo quien me destruya.
¡Oh, pero qué digo, tú debes ser la luna!



19.12.16

Costumbres

Hace apenas una hora abrí la puerta del portal de mi casa con la total normalidad del mundo. Unos simples movimientos, nada más. Primero, muevo el brazo con la confianza de encontrar las llaves en el bolsillo –dónde las dejé al salir hacia la universidad–; segundo, cojo estas y encaro sólo una hacia la cerradura y la meto. Girar la llave –y con ello, encaja de forma perfecta en el hueco espacio hecho a medida– es el último paso de este ciclo que realizo a diario. Que realizamos todos y cada uno de los días.

Subí una rampa dentro de los límites de velocidad de las personas que no tienen prisa. Ni lento, ni rápido. Hasta llegar al extremo del recibidor, nada más tener frente a mí la puerta del ascensor, lo llamé en un acto inconsciente. Allí estaba yo. Rodeado de un mármol grisáceo que componía las paredes de un edificio relativamente novedoso para mí.


Aun así, mientras esperaba al ascensor –un minuto real, como mucho, tampoco es que fuese gran cosa– en mi estómago empezó a formarse la sensación de complacencia y bienestar típica que suele venirnos cuando nuestro organismo –más inteligente de lo que pensamos– advierte que estamos cerca de la calidez y comodidad hogareña, de nuestro espacio para la privacidad. Esta sensación circulaba descontrolada por mi cuerpo, ascendiendo hacia la garganta y descendiendo hasta el rincón de mis dedos.


Fue una gran sorpresa. No la sensación pues esta la llevo conociendo desde que tengo uso de razón. Me sorprendió el hecho en sí mismo, después de cavilar horas sobre qué tan diferente es mi vida ahora. Lejos de la ciudad que me vio crecer y en la cual conservo la mayoría de recuerdos de la infancia y adolescencia que, para bien o para mal, se rememoran con cierto romanticismo. Veía con ilusión lo nuevo, aunque con hostilidad el constante interrogante que conlleva el futuro. Pensé que no me podría adaptar. Me venían pequeñas piezas del rompecabezas, que es mi humilde vida, disparadas a bocajarro hacia mi cerebro. Noche tras noche me saturan, noche tras noche reaparecen como tortuosas pesadillas que me mantienen despierto. Despierto y alerta, la vida me golpeó desprevenido cuando tenía la guardia baja, cuando pensaba que la adolescencia sería perpetua.














7.12.16

Un "te quiero follar" escondido entre el lenguaje

Noto el cálido contacto de tu cuerpo 
con la insensibilidad de mi rudo tacto
sensación que luz y vida trasmite a este espíritu yermo
empobrecido de sentimiento y sobrecargado de llanto.

Siento en mi interior un sin fin de excitantes sensaciones
y escucho atentamente cómo de ellas florece,
ese elemento punzante que, imparable, se expande.
Yo no soy más que el recipiente inoportuno del deseo más humano
 de todo físico -carnal y bruto- compuesto. Poco abstracto.

Este deseo es el que me empuja a llegar más lejos
y cada vez me obligo a tener más auto-control
porque, esto nuevo quizá un día pueda estallar
y salir gritando, libertino e impulsivo, fuera de control;
libre del ya no tan férreo yugo forjado por la razón.

Y para basarse en la perentoria vida material,
es la ingrata imaginación su mayor sustento
es la idea la que otorga de fuerza y fuego a mi sueño
abrasando a un servidor, un soñador desfallecido
que, por falta de coraje y energía,
a duras penas puede soltar un leve y resignado suspiro
dejando suelta la tentación que día a día lo corrompe.

Aun en precario estado, de mi ingenuo cerebro brota
la dulce posibilidad de explorar cada rincón
de tu cuerpo sólido e imperfecto cuya presencia
deja mi vena artística en mil pedazos,
en mil sucios pedazos..., rota.

De tu cuerpo sólido e imperfecto cuya próxima presencia
hace subir la temperatura y con ella,
cada una de mis letras, cada uno de estos versos,
hervidos por el calor ascienden como el vapor
perdiéndose en la para mí inalcanzable altura.

Entre estas líneas, tal vez sólo cace fantasmas
y cree falsas expectativas con pies de gigante
y cree la frustración sexual que aqueja mi alma.
Entonces, la última alternativa para mí será el Soma
una dosis diaria bastará para calmar mis penurias
y, como Aldous Huxley en mil novecientos treinta y uno,
veré el patético teatro que es el mundo como Un Mundo Feliz.

28.11.16

¿Existe la buena y mala literatura? - Tercera parte

Tú dices, al principio de la respuesta, esto: "Eso sigue estando en el ámbito de los criterios subjetivos.", pero    ,¿qué es el arte? Es una creación humana por medio de la cual expresamos una concepción del mundo sensible, de la manera en que interpretamos este o, por otro lado, expresamos un estado de ánimo así como el sentimiento hacia otra persona. La verdad hay una multiplicidad de razones por las que hacemos arte. Pero para definir este, para poder decir una generalización, hay que ver como este se desarrolla materialmente a lo largo de la historia.

¿A qué llamamos arte? ¿A qué se llamó arte? Siempre, a lo largo de la historia y a través de cualquier período histórico, hemos considerado a manifestación externas de una actividad que contiene dicha carga de valor. ¿Qué quiero decir? La sociedad no valora como arte ninguna pintura, canción o libro que no se da a conocer, que no sale expuesto a la luz para ser leído, observado y oído. Más que nada, porque si no hace esto, nadie sabe de su existencia. Y a día de hoy, así como a lo largo de toda la historia, el artista que se queda para sí sus obras es (dicho sin querer ser despectivo) el artista fracasado. Por no decir que, seguramente hasta que no se haya muerto, no se le trate de artista.

Hasta el arte en la prehistoria (que lo tildamos nosotros así, porque dudo que ellos lo hiciesen) tenía una carga mística por lo menos para el conjunto de individuos que formaban el grupo. Al final, el arte se traduce en una expresión artística que se ha expuesto a la sociedad y a la que esta le ha asignado un valor según los criterios que rijan esta.

¿Es subjetivo? Yo considero que hay que analizar desde la raíz y la evolución histórica para tener una idea más o menos coherente, justa, y no una paja mental que justifico por mi propia voluntad y no porque haya realidad material que la respalde.

Respecto al punto tercero, claro que hay una carga genética y sabemos de forma bastante precisa que esta determina mucho o toda la fisonomía del individuo. Esto también puede ser determinante, en el sentido en que la constitución física tiene relevancia en según qué actividades vas a desarrollar tu vida –y aun con ello, tiene cierta carga social–. Y ya no tanto, en relación a la etapa primitiva regida por la división natural del trabajo entre los dos sexos basada en sus diferencias biológicas. Aparecida la propiedad, la división social del trabajo y la lucha de clases; el aspecto biológico ha ido en deterioro.

¿Es posible que la genética condicione las ideas del individuo? Yo lo desconozco, pero lo dudo. El carácter de una persona se construye con el tiempo según sus experiencias, no me parece algo innato, por lo menos no hay evidencia alguna de que sea así. Aunque lo dicho por mí anteriormente suena a Matrix, a una programación informática, está más que demostrado. En las diferentes etapas de socialización de la persona, esta no es alguien pasivo pues en la segunda y tercera fase es capaz de tomar sus decisiones; pero, también cabe decir que en la primera fase (infancia) no pone las reglas del juego.

Podrá tener más o menos relevancia en el aspecto intelectual, tampoco lo voy a negar, pero en una sociedad como la de ahora, lo que prima es el aspecto social, pues tus habilidades se desarrollan en un entorno que no depende de tu voluntad. Y eso al final de todo, se resume en que, pese a las diferencias iniciales de genética, lo que en mayor medida determina tu evolución es la vida práctica que vives siguiendo una serie de roles dentro de grupos sociales.

Después de todo, que la estructura social determina al individuo es una afirmación general, una abstracción. El punto importante está en que dicha determinación por parte de la estructura, se desarrolla de forma concreta sobre un individuo o colectivo y que varía según múltiples variables.
¿Existe la subjetividad? ¿el libre albedrío? Hasta cierto punto, en la medida y forma que permita el desarrollo material de tu vida.

24.11.16

Poema abecedario

Ahora,
Botella
Caída
De
El
Furgón
Grande
Hállose
Irritada
Jodida.
Kilómetros
Lugares
Momentos
Navegados
(Ñoñería)
Ocasiones
Recorridas.
Soledad
Tolerará
Usurpando
Vertederos
WCs
X
Y
Zurullos.

Ahora, la botella caída del furgón grande hállose irritada y jodida.
Kilómetros, lugares y momentos navegados.
(Con ñoñería)
Ocasiones recorridas.

Soledad tolerará (la botella), usurpando  vertederos y WCs X(varios) y zurullos.

21.11.16

Diario de Golondrina - Amélie Nothomb

Ficha técnica:

Título original: Journal d'Hirondelle.
Editorial: Anagrama
Publicación: 2008.
Nº páginas: 105 págs.



Opinión:


En Diario de Golondrina, la pluma de Amélie Nothomb se encarna por vez primera en una voz masculina, en un Yo frío y distante, no exento de ironía que caracteriza la obra de la escritora belga, que nos reta a desvelar el secreto que esconden las páginas del diario del asesino.

Hoy os traigo la reseña de un libro que se desmarca bastante de la línea que lleva el blog, pero no podría estar más contento de ello. Desde luego que comprar este libro, que me interesó de a primera vista –como el amor–, ha resultado ser una gran inversión. Llevo solamente tres líneas y ya he alabado más a este libro que a cualquier otro que os haya presentado. Al tajo:

Podríamos tachar la obra de psicológica, una constante y exhausta introspección que hace el protagonista de sus propias acciones y de su manera tan particular de percibir la realidad que le envuelve. Un día, debido a un desamor –o más bien a una pequeña crisis de identidad–, este hombre empieza a notar su insensibilidad frente a cualquier expresión de emoción  o  cosa que las evoque mediante los sentidos (olor, tacto, oído…). Le cuesta pero encuentra refugio en alguna que otra canción de Radiohead. Música experimental.

Por cosas de la vida, termina trabajando como asesino a sueldo para unos mafiosos rusos bajo el pseudónimo de Urbano. Es aquí donde empieza, por así decirlo, la parte central de la obra: una exposición detallada de lo vivo que se llega  a sentir cuando comete esas atrocidades.  Trata el asesinato como si fuese un arte con una técnica para volverlo bello, romantizarlo. Hasta parece llegar a cierto estado de estabilidad emocional una vez el trabajo se vuelve rutinario y lo mantiene, dentro de unos límites relativos, cuerdo.

Pero en un encargo observa una escena que lo sorprendió. Debía matar a un ministro y a su familia con el fin de robar unos documentos. Pero a su llegada lo que ocurrió salía de los esquemas de la normalidad. Firme, Urbano, hizo su trabajo no sin llevarse a casa un pedazo de conciencia que carcomía su frialdad habitual.

Entre los documentos del ministro había un diario, al parecer de la hija de este. Lo leyó con curiosidad, terminando por tener una pequeña obsesión con esa chica a la que apodó Golondrina por una cosa que no está ni relacionada con ella. Esto le desestabiliza, le hace pasar de un estado de indiferencia a uno de extrema sensibilidad. Y empieza a dudar de todo.

La verdad es que es esta parte, que coincide con las veinte páginas finales, la que más me ha gustado. Me ha parecido brutal el manejo de las formas estéticas que tiene Amélie Nothomb para expresar cualesquiera que sean las sensaciones que sufre el personaje.

Es un libro cuya técnica es equilibrada. Carece de descripciones más allá de la psicología de Urbano; la vida de este así por los lugares por los que se mueven están rodeados de una neblina que no nos permite ver más allá de la mente del personaje. Esto, que igual a alguien no le puede gustar, persigue el objetivo –o quiero pensar que lo hace– de hacer destacar por encima de todo los monólogos del protagonista. Hacer que calen, y que calen profundo en la mente del lector. Para ello, considero lógico hacer cojear la descripción o no enfocar la historia a un protagonista colectivo.

No llega a ser una novela policíaca pues, aunque se fije en el papel del asesino serial, no muestra –ni tiene la intención– un seguimiento policial, ni trabaja los problemas que le puede acarrear que se esté investigando una posible correlación de sus asesinatos. En cambio, al matar al ministro, la autora mete de forma muy sutil y breve una escena en la que el asesino ve los noticiarios y como le dedican tres minutos en un noticiario. Esta obra, pues, trabaja también muy bien la identidad del ser humano. ¿Quién soy?, ¿qué soy?, ¿qué aspiro a ser?, ¿qué significa estar vivo? Vemos como un supuesto político es alguien conocido, con relativo éxito en su vida profesional, pero no se escapa de tener problemas personales y mucho menos de convertirse en un recuerdo que se va diluyendo poco a poco y olvidando por todos.

En conclusión, es una lectura bestial que recomiendo a cualquiera. Es breve, ligera pero sin llegar a tener un nivel simplón. Es una lectura, además, íntima, que se hace personal y engancha con una extrema facilidad. Amélie Nothomb, te amo.

18.11.16

Personaje

Paso a través de la neblina. No veo absolutamente nada. Una especie de manto blanco no le deja ver a mis grises ojos, una especie de manto húmedo mantiene mojados cada uno de los rincones de mi cuerpo. O esa la impresión que me está dando el estar en esta situación tanto tiempo, sin cambios.

Doy palos de ciego tratando de buscarte. A ti, que no sé quién eres. Que no sé qué eres. Ni tan siquiera tengo constancia de tu existencia, la única referencia a tu persona es un fantasma espectral que me aparece en sueños y me susurra. Me pide suplicante que le encuentre y le libre, por un rato al menos, de la condena que vive en el mundo de los pecados. Pero habrán pasado horas desde que estoy divagando por esta estepa. Supe llegar. Pero no sé a dónde voy.

Lo sé. Conozco este lugar y tengo el presentimiento que estás aquí conmigo. Aquí, en estas mismas líneas, en el mismo paisaje que te he descrito. Por ello no me rindo, por ello no abandono el arduo deber de contactar contigo, de tener unos minutos para hablar y me digas que tal estuve... Qué tan bien cumplo con el papel de ficción que un creador me ha impuesto.

¿Estás ahí?, ¿me escuchas?


.... ¿Me lees?

13.11.16

¿Existe la buena y la mala literatura? - Segunda parte.

Esta entrada va a estar compuesta de una respuesta de Luka Henao a mi comentario sobre su vídeo (Pincha aquí para acceder a la entrada) que compone, a fin de cuentas, la primera parte de esta serie de reflexiones que tratan de componer un debate. Va a seguir este esquema, cada intervención una entrada.


Intervención de Luka Henao, cuyo blog es: Uranium

Buena respuesta. Da gusto poder entablar debates. Voy por partes:

1) Con respecto a que el arte debe entenderse o poder interpretarse. Eso sigue estando en el ámbito de los criterios subjetivos. ¿De acuerdo a qué obligación el arte debe ser entendible? No es más que tu criterio o tu gusto o deseo de que sea así.

2) En cuanto a la idea de que la literatura es anta todo comunicación. Estoy de acuerdo, como digo en el vídeo, de que en función de la utilidad o ámbito en que se desempeñe un texto, deberá ajustarse a las normas gramaticales para que pueda transmitirse correctamente. Es el caso, como bien dices, de los ensayos, de los textos histórico y demás. En ese tipo de textos, la función principal es transmitir información. Pero la literatura no tiene ninguna función definida, sino que es la manifestación creativa y libre de una persona. No se ajusta a nada, no tiene
reglas, es un arte. Aunque use el lenguaje, como es el caso de otros textos, forma parte de otra área, y aunque pueda parecernos que un libro debe ser comprensible ante todo, eso sigue siendo un mero criterio elegido por el gusto personal.

3) Con respecto a la determinación social en los individuos. Aunque sí considero que hay influencia social en las personas, también es cierto que hay una carga genética y una serie de sucesos biográficos que nos hacen diferentes a unos de otros. Si fuera como dices, las personas serían absolutamente idénticas en sus gustos y comportamientos, y aunque están cerca de serlo por el miedo a ser ellos mismos, si se liberasen habría mucha más variedad entre las personas. De todos modos, el hecho de que los gustos puedan estar influenciados por la sociedad no quita que sigan siendo subjetivos, dado que se dan en el individuo y al fin y al cabo la sociedad es una suma de individuos y no una entidad extra-individual. Es decir, no entiendo en qué sentido se podría decir que un gusto es objetivo.

4) Soy un relativista acérrimo. Lo que no he visto aún son verdaderos argumentos a favor de un objetivismo en el arte a la hora de valorarlo.

9.11.16

¿Existe la buena y la mala literatura? - Primera parte.

Esta especie de reflexión es un comentario que le dejé a un compañero en su vídeo de youtube. Este chico se llama Luka Henao. Su blog es https://uranium4.wordpress.com/ y el vídeo en el que he basado mi respuesta es: 



Opinamos diferente. Pese a que el lenguaje así como este se estructura de forma escrita es una construcción social y que evoluciona en la medida que esta lo hace en varios niveles (cultural, político, económico...), sí que hay una serie de criterios objetivos –y por tanto independientes de la voluntad o del pensamiento individual– que hacen que una obra sea o no sea de calidad para esa sociedad.

Una estructura coherente que tenga sentido. Hay obras no convencionales, que experimentan con las formas y la estructura que debe tener una novela. Las hay, y no por ello son mala literatura. Pese a estar estandarizado un modelo, no es el único, y desde luego no por ello estas obras atípicas son infravaloradas. Las innovaciones literarias son en esencia esto: una  ruptura con el esquema dominante, creación de nuevos modelos literarios que se sobreponen al antiguo por diversas causas –normalmente derivan a su vez de un cambio social o cultural, pero no es el tema–. El castellano tiene el ejemplo por excelencia.

Pero aun así, debe tener sentido, la cualidad de darse a entender. El arte no es un ente abstracto y puro desligado de la sociedad y los parámetros por las que ella se mueve. No sólo bebe de ella para tomar forma sino que cuando se expresa, lo hace a esta. Si no tiene sentido, si no permite una interpretación o varias interpretaciones, si el autor no se hace entender, en cierta medida, yo hasta dudaría de llamarlo arte.

Si la acción en una novela transcurre sin poder saber dónde estás en cada momento y por qué camino te estás moviendo, como pasa en Besos entre líneas –los personajes en una página están en un lugar y por arte de magia llegan a otro–, ¿es malo o bueno? Relativo, dirás, depende de los gustos. Pero, sencillamente, no se puede concebir que sea buena una señal de tan gran carencia de técnica narrativa. Y no hay nada convincente para pensar lo contrario.

Las reglas ortográficas obedecen a una necesidad de estandarizar un método de comunicación, y varía según el tiempo. Una obra, a nivel gramatical, es buena o mala para la época si sigue las normas. Se pueden crear conceptos nuevos, nuevas palabras para designar alguna idea –la generación del 98 lo hizo múltiples veces, y no se valora negativamente por ello–. Romper con el lenguaje es interesante, cuando tiene finalidad artística, pero errores ortográficos como: ola k tal, io mui vien. Mires por dónde lo mires, está mal para esa sociedad en un tiempo y espacio determinado.

Con el tiempo el lenguaje cambia, no hablamos el mismo español que Cervantes, desde luego, y porque él en sus obras no respete las normas actuales o no siga las formas que rigen la literatura actual –porque, obviamente, pedirle eso sería un absurdo– no valoramos en esta sociedad que sea un mal autor literario.

Hay otro punto importante, el vocabulario, el uso de este es muy importante porque existe una necesidad de encasillar la literatura en géneros, edades, y un largo etcétera... Nos gustará más, o nos gustará menos, pero tal y como funciona la sociedad, es necesario que sea adecuado. Un ensayo que pretende divulgar conocimiento, difícilmente logrará éxito o que se lo tomen enserio usando vocabulario de párvulos. Al igual que literatura para niños no puede llevar una sobrecarga de tecnicismos porque la educación que han recibido en esa temprana etapa es insuficiente.

Hay otros aspectos, menos influenciados por una normalización, como podría ser la historia misma de la novela y como se desenvuelve la acción. Hay muchísimos géneros y, claramente, no se le puede exigir a alguien que guste uno que aborrece por x razones. La presencia de diálogos o párrafos no es un aspecto tan normalizado como otros, y aquí sí que hay cierta libertad para tener más o menos una preferencia. O una idea a priori de qué es mejor.

El tema central, después de todo, es: ¿son los gustos subjetivos? Sí, hasta cierto punto. Nacemos en una sociedad como si fuésemos una tábula rasa sobre la que después una determinada estructura social con sus instituciones, valores,características (la familia, el sistema educativo, el Estado, hasta el sistema financiero bancos reparte libros educativos) nos inician en un proceso largo de socialización en el que asimilamos una serie de ideas determinadas de carácter social y cultural que no teníamos de forma innata al nacer y que responden a la ideología dominante de la sociedad, no a tu formación autodidacta.

Los gustos son subjetivos en la medida de que también están sujetos a un condicionamiento objetivo por parte de la estructura social, que se traduciría en el ambiente donde se desarrolla la vida del individuo. Por tanto, que te guste una u otra cosa, no depende exclusivamente de ti, sino también de la influencia ejercida por las amistades, la familia, el estado, la situación económica y un largo etcétera de cosas que no determinas en su mayor medida o de ninguna forma .


El vídeo es bastante relativista. Se le atribuye una subjetividad absoluta al arte, como si este no dependiese de la sociedad sino exclusivamente del individuo. Y encima entendiendo a este, una concepción un tanto idealista, como el que verdaderamente por su voluntad determina que le parece buena o mala literatura. No puedo estar más en desacuerdo.

5.11.16

Las ruinas de Gorlan - John Flanagan

Ficha técnica:


Título original: The ruins of Gorlan.
Autor: John Anthony Flanagan.
Editorial:  Santillana Ediciones Generales S.A
Nº de páginas: 320 págs.
Publicación: 2004.


Sinopsis:

De sus orígenes, Will sólo sabe que un día, hará quince años, fue abandonado en un canasto, acompañado de una breve nota: "Su madre murió en el parto... Su padre murió como un héroe... Por favor, cuiden de él"  Will ha crecido deseando convertirse en guerrero y honrar así el valor de su padre. Pero el destino le reserva un futuro muy distinto: una misión a la medida de un joven pequeño, curioso... y especialmente osado.


Opinión:

Deduciréis vosotros mismos, por la portada y la sinopsis, que se trata de una reseña que desentona un poco con el carácter principal –o la línea evolutiva, como lo queráis llamar– que ha llevado el blog hasta la fecha. Tranquilidad, tampoco es un punto de inflexión o una desviación de mis gustos como lector y divulgador. ¡Qué no cunda el pánico! Solamente es la reseña de un libro destacado de mi pre-adolescencia , uno de los primeros libros –en el pasado considerados tochos– que leí con ganas y me incentivó a ir a más.

Así que mantened vuestro culo pegado a la silla porque sólo se trata de una relectura nostálgica de tiempos y aventuras pasados:

“Las ruinas de Gorlan” es la primera parte de la trilogía Montaraces, escrita por el australiano John Flanagan. De hecho, ha sido ahora cuando he sabido que es un tercio de la historia completa y eso, amigos míos, es preocupante. No es que haya encontrado por casualidad de la vida sus continuaciones, sino que al terminar de leer el libro sentía que debía haber más, que no podía acabar así la historia. Y mis sospechas se cumplieron

No cerrar bien el final de cada uno de los libros que compone una serie (bilogía, trilogía…) es un error fatal, de los peores que se puede cometer como escritor. Dejar al lector a medias, o con la sensación de que la acción se corta bruscamente sin haber llegado a lo más profundo del argumento es motivo suficiente para justificar el abandono de la saga. Eso o gastarse doce euros con los dos siguientes. (Y sinceramente, me sale más económico comprar clásicos)

La trama principal –la que este señor deja a medias; y con razón, se gana más dinero con tres libros que con uno– trata de cómo un joven que deseaba con todo su corazón convertirse en un caballero del reino nimeacuerdo, pero que acaba siendo el guardabosques (con funciones de cuerpo de inteligencia) de un ducado a consecuencia de su baja envergadura y su agilidad. Todo esto en un ambiente un tanto turbio porque un señor desterrado está organizando un ejército compuesto de una serie de monstruos para conquistar todo el reino y así ejecutar su venganza contra el mismo.

Pero bueno, aun siendo el contexto general en el que se desarrolla este mundo el autor lo detalla bastante poco, manteniéndolo como un paisaje de fondo. Esta parte relata en su mayor medida el aprendizaje de Will como montaraz y como siendo este todavía un aprendiz, debe enfrentarse junto con su maestro y el señor del ducado contra dos bestias mitológicas que se creían extintas y que el malvado utiliza para asesinar misteriosamente a antiguos líderes del reino que lo vencieron en la guerra pasada –dicen muchas veces en tiempos lejanos, tiempos olvidados, pero tampoco hará demasiado tiempo porque no se explicaría entonces que siguiesen vivos–.

Y aquí acaba, tal y como lo cuento: luchan contra los seres esos, el protagonista le salva el trasero a su señor feudal y es gratamente recompensado. Y mira que dicho de esta manera parece que tenga un buen cierre y todo, pero no. Reiteran en diálogos una y otra vez lo grandiosa que fue la antigua guerra, el peligro que supone el antagonista, las tácticas que está siguiendo, los mercenarios que está contratando…; para luego terminar cuando la situación todavía está empezando a desarrollarse.

La descripción es modesta, no le falta nada, pero podría haber mejorado mucho más de haber insistido más el autor en explicar concienzudamente el mundo creado a través de las peripecias de los personajes y los diálogos. Es que, con un poco más de interés, Flanagan hubiese conseguido un mundo mucho más completo, más explicado y que aportaría al lector una gran sensación de aventura por un lugar desconocido y grande. En definitiva: un diamante en bruto sin pulir.

En conclusión, el libro me gusta. Sí, lo he puesto a caldo y casi que no he podido sacar nada positivo por lo que destacarlo. No hay nada reseñable que justificara una recomendación por mi parte. Quizá, lo único que se salva es la parte de los diálogos –y no todos, hay algunos que me dan la impresión que pese a la evolución psicológica de los personajes sigue una línea normal, estos son unos catetos–. Ya digo, estoy enamorado de este libro, supongo que por nostalgia o porque la idea de ir con un arco y flechas casi como un ninja es una fantasía personal todavía por cumplir.

28.10.16

Me gustaría escribirte

Me gustaría escribirte un poema,
pero nunca salen las palabras
correctas para expresar mis emociones
más sentidas…
Pero nunca suena la melodía
adecuada para con nuestras acciones
acoplar, en su justa medida.
Nunca fui capaz de expresar(te)
Desde el corazón y la alegría
Que sin ser tú mía, sin ser yo tuyo
por bien mutuo dejo a un lado el orgullo,
lo convierto en parodia,
lo convierto en objeto de risa y burla
antes que motivo para el conflicto.
Me gustaría escribir un poema
De tu esencia repleto.
Pero sé (o procuro) no inmortalizar
una bella imagen tuya en el tiempo
y menos aún verte como un objeto.
Prefiero traspasar el engañoso espejo,
y rasgar el telón de este patético teatro.
Tocar tu piel y exhalar un te amo
Apreciar el paso del tiempo, el cambio,
La evolución de los sentimientos
y como este, que es nuestro, se mantiene
fuerte e inexorable en un rincón del deseo
en algún lugar que huele a dulzura
y que contiene, frustrado, un grito de rebelión.
Me gustaría que fueses la protagonista
de todos y cada uno de mis relatos
Pero las obsesiones no son un vicio sano
Lo sabemos tú y yo, que nos contenemos
constantemente entre la niebla del silencio
Por ello hago completamente tuyo mi poema
Para que acapares, uno a uno, todos los versos
Y así desfogar la prioritaria necesidad de gritar,

De gritar un dulce te quiero.


19.10.16

Recuerdo de Lenin - N. Krúpskaya









“Fuera el que fuese el trabajo que emprendiera Vladímir Ilich, lo efectuaba con una escrupulosidad extraordinaria. Y cuanto mayor era la importancia que concedía al trabajo emprendido, más penetraba en todos los detalles, aun en los más insignificantes”

No tengo pretensión de hacer una reseña al uso –o tal vez sí, todavía no sé hacia dónde conduciré el comentario sobre este libro–.

“Recuerdo de Lenin” es un libro de carácter histórico, o por lo menos en su extensión, escrito por la mujer del protagonista individual del que se habla durante cada una de las páginas. Aunque tampoco se limita en eso, dado que su objetivo era y es dar a conocer el método de estudio, de trabajo y de organización que dio como resultado una estructura  –y por tanto, hay dos tipos de protagonistas: uno en el plano individual y otro en el colectivo– que tuvo el poder suficiente y necesario para derrocar al viejo régimen.

En este libro, claramente marxista-leninista sin llegar a ser un clásico y mucho menos un referente teórico, relata tanto la vida de Vladímir Ilich Uliánov –desde una perspectiva un tanto personal y humana que abarca hasta sus alegrías y preocupaciones más banales–  como la evolución del movimiento revolucionario ruso entre la llegada de Lenin a Petersburgo (1893) y la emigración al extranjero de este en 1907.

Todo el periódico histórico que abarca integra varias detenciones, la deportación a Siberia, el inicio de proyectos de difusión como el periódico Iskra y, como hechos destacados, la división dentro de la socialdemocracia rusa entre mencheviques y bolcheviques. Por no mencionar la negra revuelta de 1905 así como otras manifestaciones que se cobraron la vida de obreros concienciados con la lucha, trabajadoras e incluso niños.

En el plano revolucionario lo más interesante de la obra es el hecho de que cuenta con detalles la costosa creación de un partido de vanguardia teórica y práctica con todo lo que implica: la forma con la que elaboraban panfletos para llamar a huelga, la forma de hacer agitación, las diferentes reflexiones de cómo sobrepasar los problemas que surgen, las diferentes vías de comunicación a través de la cual se erguía una estructura organizada, el modo de acercarse a las masas, las escisiones y finalmente: diferentes tácticas para hacer acción política desde la clandestinidad sin perder efectividad.

Las últimas veinte páginas están constituidas por apéndices en los que se expone brevemente algunas que otras técnicas que utilizaba Lenin para estudiar textos, manías que tenía a la hora de reflexionar o ir a la biblioteca; incluso referencias literarias, los autores que le marcaron y los que frecuentemente leía (Polenz, Herhardt, Baudelaire, Chernichevski…)


¿Por qué leer este libro? No será un pilar de nuestra ideología o no será la historia de ocio más entretenida. Pero me parece valioso para los jóvenes militantes –y para los que no lo son tanto… – conocer las diferentes dificultades que tuvieron los revolucionarios y las peripecias que tuvieron que sufrir –más el tiempo o incluso la vida sacrificados– por una causa justa: la creación de una estructura e ideología fuerte que llevase al proletariado a su emancipación.

10.10.16

Relato tópico


Entraron ambos al ascensor con una aparente normalidad. Pero, tras apretar el botón para subir a la planta de las suites, se abrazaron uno al otro con desenfreno y empezaron a besarse. Él sentía en el vientre el tacto de sus grandes y duros senos que se mantenían bien sujetos; excitándole como a cualquier otro ejecutivo amargado por el trabajo.

Ella por el contrario era una desconocida en la empresa que había ido a la fiesta de disfraces con un antifaz negro. Debía camelarse a ese pez gordo como fuera. Y poco a poco, conscientemente fue metiendo mano por dentro del pantalón, desabrochándole incluso el botón con cierta elegancia.

Llegaron a la última planta, ebrios de excitación y sin cuidar la formalidad. Salieron sin apenas separarse, con el pelo desaliñado y la cara sonrojada. Llegaron a la puerta de la habitación donde se hospedaba el hombre que, pese haber sido uno de los organizadores, ni tan siquiera se había disfrazado.

Entraron en la suite y tras cerrar la puerta no esperaron ni un segundo en abalanzarse sobre la cama.
–¿Hasta cuándo vas a llevar ese antifaz? Déjame verte el rostro.

–Tú mantente como estás que ya me encargo.

Y con una risa traviesa se deslizó por encima hasta tener el pubis pegado al rostro del contrario. Sacó unas esposas de uno de los bolsillos de la chaqueta vaquera y, con la complicidad de un hombre que se dejaba hacer, le esposó ambos brazos a la cabecera de la cama.

–Te quiero, ¿sabes?

–Claro,  de eso no tenía la menor duda –respondió, tapándole la boca con cinta adhesiva–.

Se levantó y con unos movimientos propios de un felino se dirigió a la puerta; no sin enseñar antes la cartera que le acababa de robar. Y se marchó.

2.10.16

FRAP: grupo armado. - Tomás Pellicer.

Ficha técnica:

Título: FRAP: grupo armado.
Autor: Tomas Pellicer.
Editorial: Martxoak 18 Kultur Elkartea   
Nº de páginas: 234 págs.
Fecha publicación: 2010.


Opinión:

“La muerte del dictador Francisco Franco deja un panorama incierto en el Estado Español. Mientras que la vieja oligarquía y el poder franquista buscan la mejor forma de sucesión sin pagar ningún coste […] Un abanico de izquierda no está de acuerdo con esta repartición de cromos, sino que ponen en cuestión esta transformación.”

No nos encontramos frente a un libro cualquiera. Os lo aseguro. La historia podrá resultar más o menos de actualidad, pero lo impresionante de ella es que el autor la vivió de forma directa al ser un ex miembro del FRAP. Y por ello se muestra tan impactante para el lector, por ello contiene –y se siente, sobretodo– una gran carga emocional aunque su estructura sea simple.

A parte de abrir, con apenas doscientas páginas, el complejo panorama de los años 70 y la forma en que vivió la izquierda revolucionaria –o el abanico de fuerzas que abogaban por una ruptura con el sistema– una transición española que lejos estuvo de ser completamente democrática.

El narrador, omnisciente en casi toda la novela, nos sitúa sobre una de las pequeñas células del brazo armado del PCE(m-l): el Frente Revolucionario Antifascita y Patriota. Por tanto, existe un protagonista colectivo; pero, por encima de todo, Pellicer narra la mayor parte de la acción encima de un personaje (protagonista individual) en concreto: Eusebio. A través de él, sus peripecias y reflexiones, consigue darnos una imagen general de una situación conflictiva, su evolución y las diferentes posiciones o dudas al respecto.

El libro abarca desde el forzado viaje a Francia huyendo de la represión franquista hasta la entrada en prisión en etapa de transición –y posterior tortura– por pertenencia a grupo terrorista. Sus acciones como militante (así como las consecuencias) nos muestran cómo el contexto donde la organización movía sus hilos, franquista o demócrata, era represivo y manipulador. En definitiva: daba una clara imagen de las relaciones de poder en el estado.

Pero quizá no sea esto el punto más interesante del libro, sino como la narración sabe reflejar el paso del tiempo y la evolución de los acontecimientos: la muerte de franco, el crecimiento de popularidad de la vía continuísta, la represión sobre los que querían una ruptura con el régimen, la pérdida de legitimidad de la lucha armada, la desilusión de los rupturistas… La psicología de los personajes, a su vez, está muy bien llevada en correlación a los cambios materiales.

En general, es una novela amena y muy fácil de leer que nos sitúa sobre el bando perdedor en la segunda mitad del siglo XX. Yo lo recomiendo encarecidamente: modesto respecto a los detalles, en la narración…; eso le da un toque humano, poco artificial y muy realista –aunque eso ya lo es la historia por sí misma–. Una buena forma de aprender un pasado que es muy nuestro y por intereses es sesgado.

25.9.16

Control, poder, dominación

ESTE RELATO ESTÁ TAMBIÉN PUBLICADO EN UN BLOG CONJUNTO. AGRADECERÍA QUE LE ECHARAIS UN VISTAZO PORQUE VALE LA PENA Y HAY GENTE DE CALIDAD. AQUÍ EL LINK: LITERATUIA


Sangre color granate empezó a brotar descontrolada por un costado de la cabeza. Lentamente, como una cascada, se precipitaba salvaje llegando a caer pausada pero constante sobre un frío suelo; cuyo color azabache, recordaba al fondo de un pozo. Recién le habían cortado la oreja izquierda con un cuchillo a un sujeto de estatura media. Más bien un gran cuchillo con hoja de sierra la que, indudablemente, hacía cortes abruptos y torpes. Además de mostrar (esto lo aclaro por si es relevante para la investigación) una clara oxidación debido al tiempo y al uso.

Dicho personaje (encadenado de pie) tenía el cuello, las muñecas, las rodillas y los talones sujetos con una especie de férreos cierres de hierro. Sus ojos, aunque vidriosos, habían dejado de llorar hacía un par de horas. Ya no tenía más por lo que lamentar o, mejor dicho, no disponía de nada con lo que mostrar su lamento. También trataba en vano de liberarse (curioso, ¿eh?) con movimientos torpes que le dejaban exhausto y solamente conseguían darle una imagen de desgraciado luchando contra una fuerza superior a él.

–Por favor, no me mires con esos ojos de cordero –le avisé, pasándole el dedo índice por su mejilla hasta la cinta adhesiva que tenía pegada sobre los labios.

Saqué una navaja española de un carro metálico sobre el cual reposan una multiplicidad de artilugios punzantes y empezó a afilarla. El ruido metálico envolvía la sala de quirófano y se hacía más intenso a medida que el doctor avanzaba hacia el paciente. Los ojos del sujeto iban ensanchándose una y otra vez. Por su boca salía, o lo que podía permitirse salir, unos gemidos de pánico que se asemejaba más a un berrido que a algo propio de un ser humano.

Acaricié el cuello de la víctima con la cuchilla afilada. Todo estaba en un extraño silencio: “bom… bom… bombom…”, sólo se oía al acelerado corazón bombear y como este aumentaba el ritmo progresivamente a cada segundo que se demoraba lo inevitable.

Entonces empezó de nuevo. Realicé varios cortes limpios en cada una de las mejillas al mismo ritmo que el joven gemía de forma confusa, mezclándose (esta observación no es objetiva) el dolor con el placer. Y como al principio, la sangre brotó de nuevo, lentamente, hasta juntarse con las saladas lágrimas sobre unas húmedas y pálidas mejillas. Parecía un proceso cíclico: el mismo resultado.

–¿No te lo dije, no te lo advertí? –le pregunté–. No pongas esos ojos de cordero pues no soy tu pastor,  yo soy el dueño del matadero.

18.9.16

Entrada informativa

Quizá es darme demasiada relevancia en vuestras vidas considerar que mi ausencia por estos lares pesa en vuestras almas. Pese a ello, desconociendo por completo si a alguien le interesa el ritmo al que va el blog, necesito aclarar este vacío de entradas.

¿Estoy vivo? Por supuesto que si, estoy escribiendo esta fabulosa entrada para dar a conocer que pese a mi escasa actividad no he abandonado, en absoluto, el blog. Sigo aquí y seguiré subiendo entradas aunque todavía no puedo establecer una rutina.

Cambios, muchos cambios, son el origen de que os tenga en espera. Me estoy mudando al mismo tiempo que empiezo unos estudios universitarios en un horario al que no estoy para nada acostumbrado. Es grande, más bien enorme, el desorden que llevo en mi vida y es que necesito algo de tiempo para adaptarme.

Aun así, durante lo que queda de mes una reseña y un relato están asegurados. Así como mi colaboración en una revista literaria.

Un abrazo,

Liksei.

6.9.16

Estrella fugaz

Escucha mi voz querida estrella fugaz.
Óyela
pese a no ser más que un reclamo.
Aquí y ahora,
                     en esta negra madrugada
cuando me asaltan los remordimientos;
al volver atrás en el tiempo,
al recordar en triste soledad
                                            tu presencia.
En lo material pasajera
                 (Ahora y siempre ya eres pasado)
En lo espiritual eterna
                 (Ahora y siempre serás presente)
Serás presente y futuro,
un futuro de recuerdos que me tortura,
melancólico,
al pasar nuestras vivencias fatuas juntos
             frente a mis ojos, sobre mi mente.

La noche sin ti huele a vacío y  miseria.
Se hace eterna,
                      se deshace en llanto y pena.
Por mí.
Por un alma que no alcanza el olvido.
Por un alma...
               ¡Qué grita, llora y se desespera!
Por no haber sabido ser
                            para ti. A tu misma altura.

Habla por mí la melancolía del pseudo-poeta
del escribidor y de la persona en guerra
           psicológica y social contra el mundo,
 ideológica consigo misma.

No tengo control,
No tuve nunca la situación bajo mi control.
Las dudas y el deseo lo carcomen todo.
                           ¡No me permiten avanzar!
El amor para mí murió un día frío de febrero
dónde mis saladas lágrimas 
                                    de pena se confundían,
 y se mezclaban con la cristalina lluvia
                   que se precipitaba descontrolada.

 Y mi iniciativa de vida está tocada y malherida.

¡Suerte que todavía no ha sido hundida!


30.8.16

Diálogos

Musa: Soy consciente que no todo el camino por recorrer con nuestros pies, de sinceridad descalzos, será tierra húmeda rodeada de bellas flores. Habrá piedras y espinas. Ten por seguro que estoy dispuesta a saltar las primeras y esquivar las segundas. Por mucho que lo intentes, no vas a conseguir que desista de estar a tu lado. Por mucho que insistas, no vas a desanimarme.

Escritor: Bonitos los ojos que lean lo que me escribes, bellos los oídos que lo oigan.

Se hace el silencio en la sala y, al menos por un breve espacio de tiempo, reina despóticamente sobre los dos personajes que le obedecen manteniendo sus voces mudas.

Escritor: Bueno –empieza a romper el hielo–, en cierta medida me has pillado. Lo último que querría en este momento tan confuso es tenerte lejos. ¡No quiero sufrir de abandono! Pero cuanto el amor propio es débil, resulta inconcebible imaginar que le importas mucho a alguien. Resulta mágico y difícil de creer que alguien me tenga en alta estima. Lo siento.

Musa: ¿Por qué no intentas enumerar una serie de aspectos positivos sobre tu persona? No pierdes nada intentándolo, maestro.

Escritor: Cuando poso la vista en mí, querida, no puedo evitar en ningún instante hacerlo junto a un espejo compuesto en pequeñas fragmentos por el resto del mundo, de mi mundo: familiares, amigos, simples conocidos… Hago introspección en balde, pues siempre lo hago del reflejo de mi ser ante el mundo o viceversa. Entonces lo primero que salta a mi mente son mis carencias, aquellas aptitudes que percibo en los demás y que yo, actualmente, soy incapaz de poseer.

Musa: Pero, lo que puedes percibir a priori en alguien puede acabar siendo una farsa, ¿no?

Escritor: Cuanto más me adentro me doy cuenta de ello, pese que hasta ahora son pocos los casos en los que he terminado en un engaño. Lo que más se aprecia es que nada es blanco o negro en el comportamiento de uno. La inmensa mayoría de personas con las que entablo una relación terminan convirtiéndose en una compleja construcción de emociones y pensamientos que sobrepasan todas mis capacidades. Por el momento han sido inútiles los intentos per describir o delimitar lo que realmente es cada uno y lo que significa para mí. Me desborda el tema.   


Por eso busco en tí un enunciado, una definición de diccionario que me permita escribirte, describirte, hacerte la protagonista de un relato y la antagonista de mi mente. Y te convierto en la musa de mis paranoias tratando de inmortalizar en el tiempo todo aquello que hemos vivido y todas las sensaciones que me has hecho sentir, las cuales confirman que pese a tener alma de muerto sigo viviendo y que he nacido para existir.


25.8.16

Aves de paso - José Mª Riera de Leyva

Ficha técnica:

Título: Aves de paso.
Autor: Jose Mª Riera de Leyva.
Editorial: ANAGRAMA S.A.
Publicación: 1993.
Nº de páginas: 189 págs.


Opinión:

“La extrañeza ante la vida y la consideración de que es necesario estar en movimiento para soportarla parecen animar las peripecias de un enigmático personaje, un solitario aprendiz de escritor que un buen día descubre la foto de una muchacha que acaba de escapar de casa y que le recuerda a su ex mujer en la época en que se amaron”

Como bien dice la sinopsis, la novela está escrita desde la perspectiva de un hombre solitario que viaja sin ánimo de lucro de un lugar a otro. La narración es, valga la redundancia, en primera persona y absolutamente todo lo expresa desde el mismo y único punto de vista.

La narración es, para mi sorpresa, pausada: construcciones sencillas, cortas y con una gran cantidad de pautas. Los capítulos, unos más que otros, son también por lo general breves. Aves de paso es, en definitiva, una novela que se lee en apenas una tarde veraniega. Como la dinámica y vida del protagonista, es un libro de paso que poco nos dura entre las manos para volver de nuevo a perderse en la librería como un recuerdo.

El planteamiento de la historia es más de lo mismo: sencillo. Un hombre misterioso al que le gusta viajar de camping en camping es el fondo que Riera de Leyva articula para tratar de expresar cierto romanticismo por una vida que huye de la comodidad del sillón y la familia. Incluso nos invita, pasivamente, a experimentar, a soñar con llevar una vida “nómada”. No hay ataduras, simplemente kilómetros de carretera y bares de mala muerte.

La trama principal no es que sea precisamente el punto fuerte de la novela, por no decir que tampoco constituye una línea progresiva de principio-nudo-desenlace. Está algo disuelta, a veces se hace referencia a la adolescente rubia que le recuerda a su ex mujer (Silver) y otras parece que el libro no vaya por los mismos derroteros. Básicamente, yo diría que la historia –su línea evolutiva– es más una sucesión discontinúa de puntos que no tiene un final definido.

Lo más impactante –o inesperado– de la obra es que cada cierto espacio hay una hoja de papel en la que, de forma aparentemente inconexa, el autor menciona el comportamiento determinado de una especie o un animal en concreto. Esta, me atrevo a señalar, es la parte más compleja del libro al mismo tiempo que personal para el autor. De forma indirecta (o dispersa) trata de señalar, predecir o mencionar una actitud  de los personajes y la evolución psicológica del protagonista.

Para concluir, advertir que tampoco es que haya sido una novela que me haya marcado o por lo menos gustado especialmente. Es buena, claramente; de lectura ágil, entretenida y madura. Reúne los principales elementos para que alguien como yo la recomiende independientemente del grado de placer que me ha aportado. Pero vamos, no es una obra que vaya a fascinar. Y tampoco creo que por ahí vayan sus pretensiones.